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Medidas frente al cambio climático
en la industria del vino

Publicado: 24/07/2026

Pocos cultivos son tan sensibles a las condiciones climáticas como la vid. Un par de grados de más, una vendimia adelantada dos semanas o una ola de calor inesperada pueden cambiar por completo el carácter de un vino, e incluso poner en riesgo la viabilidad de una añada entera. Después de un 2025 marcado por olas de calor, incendios forestales y algunas de las vendimias más tempranas registradas en muchas regiones, la industria ha dejado de plantearse el cambio climático como una amenaza futura para tratarlo como una realidad con la que hay que convivir cada año. Hoy queremos repasar las principales medidas que bodegas, viticultores y organismos reguladores están poniendo en marcha para adaptarse.

Repensar el viñedo: variedades, portainjertos y sistemas de conducción

Una de las respuestas más directas se está implementando en el viñedo. Muchas bodegas están sustituyendo progresivamente variedades tradicionales por otras con mayor tolerancia al calor y a la sequía, además de ajustar los sistemas de conducción y las densidades de plantación para proteger los racimos de una insolación excesiva. En el Nuevo Mundo, donde la normativa suele ser más flexible, algunas denominaciones permiten mezclar un porcentaje de uva procedente de zonas externas a la región designada, lo que da a los productores un margen de maniobra que en la Europa de las denominaciones de origen tradicionales resulta mucho más limitado. Precisamente esa rigidez normativa ha llevado a algún productor destacado como Château Lafleur, en Burdeos, a renunciar voluntariamente a su denominación de origen para poder aplicar técnicas de cultivo y riego que antes tenía prohibidas, una decisión que ilustra bien la tensión entre tradición regulatoria y urgencia climática.

Gestión del agua y riego de precisión

La sequía se ha convertido en uno de los mayores dolores de cabeza para el sector, especialmente en zonas mediterráneas. Cada vez son más las bodegas que incorporan sistemas de riego por goteo controlados mediante sensores de humedad del suelo, permitiendo aplicar solo el agua estrictamente necesaria en el momento justo. En paralelo, prácticas propias de la viticultura regenerativa, como el uso de cubiertas vegetales entre las filas de viña, están ganando terreno porque mejoran la retención de agua en el suelo y potencian la actividad microbiana de la rizosfera, lo que a su vez fortalece la resiliencia de la vid frente al estrés hídrico, reduciendo así el impacto de la sequía sobre la calidad de la uva.

Buscar altitud, latitud y nuevos territorios

Cuando ajustar las prácticas de cultivo no basta, algunos productores optan por una solución más radical: trasladar o ampliar sus viñedos hacia zonas más frescas, ya sea ganando altitud en las mismas regiones o explorando latitudes que hasta hace poco se consideraban demasiado frías para la vid. Investigadores de la Universidad de Ginebra, en colaboración con Agroscope, han desarrollado recientemente una aplicación que utiliza el concepto de análogos climáticos para mostrar a los viticultores qué regiones del planeta tienen hoy el clima que su propio viñedo podría tener dentro de veinte, treinta o cincuenta años, una herramienta pensada para anticipar decisiones de plantación a largo plazo. Algunos estudios señalan que una parte significativa de las regiones vinícolas costeras y de baja altitud del sur de Europa y del sur de California podrían dejar de ser aptas para el cultivo de la vid a finales de siglo. 

Innovación en bodega

La adaptación al cambio climático no se queda solo en el viñedo. Uvas cada vez más maduras significan más azúcar y, por tanto, más grado alcohólico, además de una acidez natural más baja. Estos son problemas que muchas bodegas ya gestionan de forma rutinaria durante el proceso de vinificación. La acidificación con ácido tartárico, antes reservada a añadas puntuales, se ha vuelto una práctica habitual en regiones cálidas para corregir vinos con pH demasiado alto. En el extremo opuesto, cada vez más bodegas recurren a técnicas de desalcoholización parcial para bajar uno o dos grados de alcohol y lograr un mejor equilibrio. A esto se suma un trabajo más selectivo con las levaduras que se selección para el proceso de fermentación. Hoy existen cepas seleccionadas específicamente por su menor rendimiento alcohólico o por su capacidad de generar acidez durante la fermentación, una vía que permite complementar las correcciones que comúnmente se realizan en bodega.

Reducir la huella de carbono propia

Más allá de adaptarse a un clima que ya está cambiando, una parte del sector trabaja también en mitigar su propia contribución al problema. Esto incluye desde la reforestación de parcelas cercanas a los viñedos,  favoreciendo a la biodiversidad y la creación de redes de micorrizas beneficiosas para las vides, hasta la instalación de placas solares, la reducción del peso del vidrio en botellas y la incorporación de energías renovables en los procesos de viticultura, vinificación y embotellado.

El papel de las instituciones

A comienzos de año, la Comisión Europea presentó un “paquete del vino” que, entre otras cosas, permite a los Estados miembro elevar la ayuda de la UE para las inversiones en adaptación y mitigación climática, incluyendo la implementación de nuevas técnicas agronómicas o instalación de sistemas de riego más eficientes. La reforma también aclara el etiquetado de los vinos sin alcohol o con alcohol reducido, una categoría que crece en demanda y que la UE empieza a tratar ya no como una moda de consumo, sino como herramienta del sector para adaptarse a un clima, y a un consumidor, cada vez más cambiantes.

El cambio climático ha dejado de ser un tema de sostenibilidad a largo plazo para convertirse en una realidad inmediata para buena parte de la industria del vino. La respuesta a este problema pasa por combinar innovación técnica,  flexibilidad normativa y cierto grado de respeto frente a un clima que ya no se comporta como hace treinta años. Los vinos que bebamos dentro de una generación probablemente vengan de lugares distintos, con variedades distintas y elaborados de forma distinta a los actuales, pero la vocación de la industria por adaptarse y seguir ofreciendo a futuras generaciones la posibilidad de continuar elaborando vino , de momento, tan firme como siempre.

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